NEUROEDUCACIÓN
UNIENDO
LAS NEUROCIENCIAS
Y LA
EDUCACIÓN EN LA BÚSQUEDA
DEL
DESARROLLO HUMANO
Resumen
La época en que vivimos está marcada por la creciente búsqueda del
desarrollo del potencial humano, el cual está directamente relacionado con el
complejo proceso de desarrollo y maduración del sistema nervioso central y del
cerebro en conjunción con las influencias del medio ambiente. Las
Neurociencias, que en los últimos años vienen revelando los increíbles
misterios del cerebro y su funcionamiento, aportan al campo pedagógico conocimientos
fundamentales acerca de las bases neurales del aprendizaje, de la memoria, de
las emociones y de muchas otras funciones cerebrales que son, día a día,
estimuladas y fortalecidas en el aula. Que todo agente educativo conozca y
entienda cómo aprende el cerebro, cómo procesa la información, cómo controla
las emociones, los sentimientos, los estados conductuales, o cómo es frágil
frente a determinados estímulos, llega a ser un requisito indispensable para la
innovación pedagógica y transformación de los sistemas educativos. En este
sentido, la Neuroeducación contribuye a disminuir la brecha entre las
investigaciones neurocientíficas y la práctica pedagógica.
INTRODUCCIÓN
De forma casi simultánea, podemos observar que la mayoría de los
sistemas educativos de los países depararon grandes desafíos para este milenio:
la universalización, la innovación, el fortalecimiento y el mejoramiento de la
calidad de la educación.
A partir de la Conferencia Mundial “Educación para Todos”,
realizada en Tailandia en
1990, del Informe “La Educación Encierra un Tesoro” de la Comisión
Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI -presidido por Jacques Delors
y presentado a la UNESCO en 1996-, y del Foro Mundial sobre la Educación
realizado el año 2000 en Dakar, la gran mayoría de los países se ha
comprometido colectivamente a cambiar el panorama educativo mundial,
estableciendo seis objetivos fundamentales a ser alcanzados para el año 2015
que involucran la atención y educación de la primera infancia, la
universalización de la educación primaria, el aprendizaje para jóvenes y
adultos a lo largo de la vida, la alfabetización de adultos, la igualdad entre
los sexos y la calidad en educación. Si analizamos a estos seis objetivos,
indiscutiblemente vamos a encontrar como elemento de vital importancia al
educador. La UNESCO estima que “de aquí a 2015 se
necesitarán 1.900.000 maestros suplementarios para lograr la Educación para
Todos”.
Además, sólo para regiones menos favorecidas como África, entre 15
y 30 millones de profesores necesitarán ser reclutados y formados únicamente
para que se pueda atender al objetivo de la universalización de la educación
primaria.
Se sabe, por los últimos informes, que de los objetivos
establecidos se ha avanzado mucho con relación al acceso a la escuela, sin
embargo la calidad de la educación no acompaña dicho ascenso. Millones de niños
salen de las escuelas sin haber adquirido las competencias y habilidades
básicas, como la lectura, la escritura y el cálculo. También preocupante, es el
alto índice de jóvenes y adultos que son considerados funcionalmente analfabetos
aún terminada su educación regular básica. ¿A qué se debe tal panorama?
¿Por qué frente a tantas iniciativas no logramos mejorar la
calidad de los sistemas educativos?
En definitiva, la calidad de la educación está directamente
relacionada con la calidad del educador. El informe Teachers and Educational
Quality: Monitoring Global Needs for 2015 deja de manifiesto que no solamente
la formación inicial del educador juega un papel crucial en la calidad de la
educación, sino también el hecho de que éste siga en formación y capacitación
continua. La escasez de educadores calificados, a nivel mundial, es uno de los
más grandes desafíos para el fortalecimiento de la calidad de la educación, el
sexto objetivo de la EPT (Educación para Todos). Según la UNESCO, esto se va
logrando cuando tenemos educadores de calidad, mejores propuestas curriculares,
nuevas y eficientes prácticas pedagógicas, un ambiente emocionalmente positivo
en los colegios, entre tantos otros factores.
En este sentido, y con carácter de urgencia, se hacen necesarias
las iniciativas de formación y capacitación de educadores para que se cumplan
las metas trazadas y lleguemos a la innovación y transformación de la educación
a favor del desarrollo humano. Sin embargo, ¿cómo transformar sin conocer qué
será transformado?
LA EDUCACIÓN Y LOS APORTES DE LAS NEUROCIENCIAS
La educación del ser humano ha sido objeto de estudio y críticas
durante toda la historia de la humanidad. En su libro Pedagogías del
Conocimiento3, Louis Not (1983) nos hace reflexionar acerca del rol fundamental
del educador cuando menciona que “la educación de un individuo es la puesta en
práctica de medios apropiados para transformarlo o para permitirle
transformarse...” y está en las manos del educador esta enorme responsabilidad.
Si hablamos de medios apropiados para una innovación o
transformación de la educación y de la práctica pedagógica, corresponde en
primer lugar entender qué será transformado. El ser humano está dotado no
solamente de habilidades cognitivas, de razón, sino también de habilidades
emocionales, sociales, morales, físicas y espirituales, todas ellas
provenientes del más noble órgano de su cuerpo: el cerebro. En el cerebro encontramos
la respuesta para la transformación y es en él donde ocurrirá la transformación:
en el cerebro del maestro y en el cerebro del alumno.
Al analizar los informes mundiales en lo que se refiere al alto
porcentaje de niños, niñas y adolescentes que no presentan las competencias, capacidades
y habilidades básicas con relación a la lectura, escritura y cálculo, el índice
de reprobación en los grados de primaria o la deserción escolar, llegamos a
inferir que la brecha entre los resultados proyectados y los resultados reales
de las reformas educativas se debe a que se ha propuesto una transformación sin
antes entender que esta transformación viene desde adentro, de las estructuras
mentales no sólo del educando sino principalmente del educador.
Hace más de dos décadas, las Neurociencias, ciencias que estudian
al sistema nervioso y al cerebro desde aspectos estructurales y funcionales,
han posibilitado una mayor comprensión acerca del proceso de aprendizaje. Las
investigaciones utilizando neuroimágenes viabilizaron mayor conocimiento sobre
las funciones cerebrales superiores y complejas, como el lenguaje, la memoria y
la atención, las cuales son estimuladas, fortalecidas y evaluadas día tras día
en los centros educativos de todo el mundo.
Asimismo, las investigaciones fueron revelando el fascinante
proceso de desarrollo cerebral que empieza en el útero materno y sigue durante
las diferentes etapas del ciclo vital, donde herencia genética y entorno se van
entrelazando y definen la calidad del desarrollo humano. En este sentido,
podemos entonces llegar a las primeras reflexiones acerca de la importancia de
considerar los aportes de las Neurociencias en el ámbito educativo:
1. las instituciones educativas representan un ámbito de enorme
influencia en el proceso de desarrollo cerebral ya que nuestros alumnos y
alumnas pasan un promedio de 14 años y miles de horas en un aula.
2. los factores o experiencias a las cuales están expuestos los
alumnos y alumnas en el aula pueden estar armonizados o no con los sistemas naturales
de aprendizaje y de memoria del cerebro, lo que va a reflejar directamente en
el desarrollo del potencial cerebral.
3. el maestro es un agente significativo en la confluencia de la
teoría y la práctica y por ello, su formación, capacitación y competencia para
la innovación facilitarán la unión entre las Neurociencias y la educación.
¿CÓMO PODEMOS ENTENDER LA RELACIÓN ENTRE NEUROCIENCIAS Y
EDUCACIÓN?
Para responder a esta pregunta, piense primero en el siguiente
panorama: durante la evolución de las sociedades y de los sistemas educativos,
varias corrientes pedagógicas perfilaron el quehacer del educador. Se abrieron
las puertas de las escuelas al conductismo, al constructivismo, al paradigma
socio-cognitivo y a nuevas metodologías provenientes de diferentes líneas de
pensamiento.
El panorama que se aprecia en las aulas, actualmente, acaba siendo
el de una práctica pedagógica híbrida, resultante de tantas corrientes y
líneas, muchas de ellas ya sobrepasadas y que no corresponden al perfil de
alumno que frecuenta la escuela del Siglo XXI.
No obstante, independiente de la línea o corriente que perfila a
un colegio o a un educador, existe un proceso que se da en todo contexto
pedagógico: el de enseñanza aprendizaje.
Vinculadas a este proceso central, se encuentran varias
habilidades y capacidades de tipo cognitivo, social, emocional, moral y físico
que necesitan ser aprendidas, desarrolladas, practicadas y utilizadas, año tras
año, para que se vayan conformando y consolidando las bases de todos los
conocimientos posteriores.
Todas estas habilidades y capacidades son, nada más y nada menos,
que frutos de un cerebro en constante aprendizaje y desarrollo, y, a medida que
el conocimiento relacionado al funcionamiento del cerebro humano vaya siendo más
accesible a los educadores, el proceso de aprendizaje se volverá más efectivo y
significativo tanto para educador cuanto para el alumno.
Lejos de que las Neurociencias se caractericen como una nueva
corriente que entra al campo educativo, o que se transformen en la salvación
para resolver los problemas de aprendizaje o de la calidad de la educación, la
propuesta es que sea una ciencia que aporte nuevos conocimientos al educador,
así como lo hace la Psicología por ejemplo, con el propósito de proveerle de suficiente
fundamento para innovar y transformar su práctica pedagógica. Claro está que no
todo lo que hay en Neurociencias se aplica al campo educativo, por lo que el
educador ha de ejercer un enorme criterio al establecer los aspectos que son
relevantes para su práctica pedagógica. Asimismo, vale la pena recordar que en
este proceso de vincular los aportes neurocientíficos al aprendizaje, se
necesita diferenciar lo que ya está validado, lo que aún son hipótesis o
probabilidades, lo que es mera especulación o mito, y por fin, diferenciar las
generalizaciones equivocadas que se hacen debido a una comprensión limitada del
tema (OCDE, 2003). Estar atento y no pensar que todo lo que se escucha es lo
que se debe aplicar o lo que se aplica necesariamente tiene que provenir de los
aportes de las Neurociencias, viene a ser uno de los razonamientos más
importantes para mantener el equilibrio en esta unión entre Neurociencias y
Educación.
Lo más importante para un educador es entender a las Neurociencias
como una forma de conocer de manera más amplia al cerebro -cómo es, cómo
aprende, cómo procesa, registra, conserva y evoca una información, entre otras
cosas- para que a partir de este conocimiento pueda mejorar las propuestas y
experiencias de aprendizaje que se dan en el aula. Si los que lideran los
sistemas educativos llegaran a comprender que los educadores, a través de su
planificación de aula, de sus actitudes, de sus palabras y de sus emociones
ejercen una enorme influencia en el desarrollo del cerebro de los alumnos y alumnas,
y por ende en la forma en que aprenden, quedaría sin necesidad de justificar el
por qué vincular los estudios de las Neurociencias al contexto pedagógico.
CEREBRO Y APRENDIZAJE
Como punto de partida para vincular cerebro y aprendizaje, tenemos
que empezar por conocer algunas características fundamentales del cerebro
humano. El proceso de aprendizaje involucra todo el cuerpo y el cerebro, quien
actúa como una estación receptora de estímulos y se encarga de seleccionar,
priorizar, procesar información, registrar, evocar, emitir respuestas motoras,
consolidar capacidades, entre otras miles de funciones.
El cerebro, es el único órgano del cuerpo humano que tiene la
capacidad de aprender y a la vez enseñarse a sí mismo. Además, su enorme capacidad plástica le permite reorganizarse y
reaprender de una forma espectacular, continuamente. Con aproximadamente 100
mil millones de células nerviosas llamadas neuronas, el cerebro va armando una
red de conexiones desde la etapa prenatal y conformando un “cableado” único en
cada ser humano, donde las experiencias juegan un rol fundamental. Este gran sistema
de comunicación entre las neuronas, llamado sinapsis, es lo que permite que el cerebro
aprenda segundo tras segundo.
Cada cerebro es único, irrepetible, aunque su anatomía y
funcionalidad sean particularmente de la raza humana. Es poderoso en captar el aprendizaje de diferentes maneras, por
diferentes vías pues está naturalmente diseñado para aprender. Si el educador
conoce cómo aprende el cerebro, y cuáles son las influencias del entorno que pueden
mejorar o perjudicar este aprendizaje, su planificación o propuesta curricular
de aula contemplará diferentes estrategias que ofrecerán al alumno varias
oportunidades para aprender desde una manera natural y con todo el potencial
que tiene el cerebro para ello.
El cerebro aprende a través de patrones: los detecta, los aprende y encuentra un sentido para utilizarlos
siempre cuando vea la necesidad. Además, para procesar información y emitir
respuestas, el cerebro utiliza mecanismos conscientes y no conscientes. Estos
factores nos hacen reflexionar acerca de lo importante que es la actitud del
maestro frente a las propuestas de aprendizaje y frente a los alumnos. El
ejemplo juega un rol fundamental en el aprendizaje por patrones y de forma no
consciente.
Las emociones matizan el funcionamiento del cerebro: los estímulos emocionales interactúan con las habilidades
cognitivas. Los estados de ánimo, los sentimientos y las emociones pueden
afectar la capacidad de razonamiento, la toma de decisiones, la memoria, la
actitud y la disposición para el aprender. Además, las investigaciones han demostrado
que el alto nivel de stress provoca un impacto negativo en el aprendizaje, cambian
al cerebro y afectan las habilidades cognitivas, perceptivas, emocionales y sociales.
Un educador emocionalmente inteligente y un clima favorable en el aula son factores
esenciales para el aprendizaje.
El cerebro necesita del cuerpo así como el cuerpo necesita del
cerebro. Ambos aprenden de forma integrada. El movimiento, la
exploración por medio de los órganos sensoriales, la expresión corporal, las
experiencias directas y concretas estimulan el desarrollo de los sistemas
sensoriales, de los sistemas motores y de diferentes regiones en el cerebro.
Los ejercicios y el movimiento permiten mayor oxigenación del cerebro, mejoran
habilidades cognitivas, estimulan capacidades mentales, sociales y emocionales.
El input sensorial construye todos los conocimientos que tenemos y
están vinculados a la percepción, cognición, emoción, sentimientos,
pensamientos y respuestas motoras.
El cerebro aprende desde diferentes vías. En los últimos años se ha hablado de cómo el cerebro es capaz de
aprender de diferentes formas, utilizando varias estrategias y elementos del
entorno. Uno de los aportes significativos a esta particularidad del cerebro, ha
dado el doctor Howard Gardner4 (1983) en sus investigaciones acerca de las
múltiples inteligencias que conforman el cerebro humano. Explica, en su teoría,
que el cerebro no cuenta con sólo un tipo de inteligencia, sino con varias
inteligencias que están interconectadas entre sí pero que a la vez pueden
trabajar de manera independiente y tener un nivel individual de desarrollo.
Demostró cómo una persona puede llegar a tener un alto nivel de conocimiento
del mundo utilizando tanto la música, como su cuerpo o el lenguaje. Considerar
la filosofía de las Inteligencias Múltiples al esquematizar nuestro trabajo, al
proponer diferentes aprendizajes o al programar las actividades que llevaremos a
cabo en aula, permitirá que nuestros alumnos utilicen diferentes recursos
(provenientes de sus múltiples inteligencias) para el aprendizaje y el
desarrollo de capacidades.
El cerebro aprende con diferentes estilos. Muchas veces, los educadores, se planifican y realizan sus
clases explorando sólo algunos estilos de aprendizaje, como el visual, el
auditivo, el lingüístico o el lógico. Sin embargo, la enorme capacidad de aprender
del cerebro humano a través de diferentes estilos, debería proporcionar al
educador un abanico de ideas y alternativas para proponer un aprendizaje,
facilitando el desarrollo de todas las habilidades de pensamiento de los
alumnos. Aunque el cerebro de todo ser humano esté programado genéticamente
para aprender, procesar, consolidar y recordar un aprendizaje, y los sistemas y
funciones involucrados en este proceso también sean los mismos en los seres
humanos con un desarrollo normal, sería importante que el educador considerara
que el alumno además de aprender de manera visual, auditiva, lingüística y lógica,
tiene la capacidad de aprender de manera reflexiva, impulsiva, analítica,
global, conceptual, perceptiva, motora, emocional, intrapersonal e
interpersonal. Una clase programada pensando en diferentes formas de enseñar para
diferentes formas de aprender indudablemente es una verdadera oportunidad para
el desarrollo humano.
El desarrollo del cerebro está bajo influencias genéticas y
ambientales. El entorno adecuado y enriquecido
despierta al cerebro para el aprendizaje y lo desarrolla. Así mismo, varios
factores ejercen influencia en el cerebro y por ende en el aprendizaje: el
factor nutricional, factores de índole genética, el entorno socioeconómico y
cultural, el ambiente emocional familiar del alumno, lesiones cerebrales,
aprendizajes previos consolidados, entre otros. Esto implica que el educador necesita obtener mayor
información acerca de la historia de vida de sus alumnos, si quiere aportar de
manera significativa y asertiva al proceso de desarrollo desde su práctica
pedagógica.
La música y el arte ejercen influencia en el cerebro. Varias investigaciones realizadas por grandes neurocientíficos,
como Gazzaniga5, vienen demostrando que escuchar música y tocar un instrumento
musical provocan un gran impacto en el cerebro, estimulando zonas responsables
de funciones cerebrales superiores. De igual forma, el arte estimula un enorme
grupo de habilidades y procesos mentales, permite el desarrollo de capacidades
cognitivas y emocionales, además de estimular el desarrollo de competencias
humanas. Con este conocimiento en mente, los educadores podrán utilizar la
música y el arte como activadores del aprendizaje vinculadas a su práctica
pedagógica y planificación curricular.
La capacidad del cerebro para guardar información es ilimitada y
maleable. La habilidad de adquirir, formar,
conservar y recordar la información depende de factores endógenos y exógenos,
de las experiencias y de la metodología de aprendizaje utilizada por el educador.
El cerebro tiene diferentes sistemas de memoria, que pueden almacenar desde una
pequeña cantidad de datos hasta un número ilimitado de ellos. La memoria es una
de las funciones más complejas del cerebro y que es diariamente estimulada en
el aula. Saber cómo se da el proceso de adquisición, almacenamiento y evocación
permitirá al maestro elaborar propuestas de aprendizaje con frecuencia,
intensidad y duración más adecuadas.
El sueño es esencial para el aprendizaje. Las investigaciones relacionadas a los periodos de sueño y
vigilia están demostrando la enorme importancia que tiene el sueño para el buen
funcionamiento del cerebro. Tiene funciones adaptativas, pues ayuda al organismo
a adaptarse al entorno, a descansar y a recuperarse fisiológicamente. Está relacionado
con los procesos cognitivos, principalmente en lo que se refiere a la consolidación
de los aprendizajes. Además, la falta de sueño puede disminuir los sistemas atencionales,
las destrezas motoras, la motivación, las habilidades del pensamiento, la memoria,
la capacidad de planificación y ejecución. Una de las causales más frecuentes
de alteración en el comportamiento del alumno radica en la sobreexcitación de
su sistema nervioso, que necesita del sueño y descanso para “recuperar la
energía”. Además, las conexiones neuronales son reforzadas no solamente por la
frecuencia, intensidad o duración de la propuesta de aprendizaje y por las
emociones envueltas en las experiencias vividas, sino también por un adecuado
periodo de descanso.
El cerebro establece una ruta para el aprendizaje. Si hacemos un resumen sencillo de las principales
investigaciones relacionadas al proceso de aprendizaje, podemos ver que el
cerebro para aprender necesita percibir y codificar una información (input) y
para ello utiliza sus recursos multisensoriales, el cuerpo, la motivación y
todos los conocimientos previos almacenados en un sistema de memoria en
especial. A partir de allí, se desencadena una serie de acontecimientos a nivel
neurológico, como por ejemplo, la activación del mecanismo de atención, que permitirá
que el alumno procese la información más relevante ignorando otros estímulos
(externos o internos) y empiece a adquirir de manera directa o indirecta el
aprendizaje. Para ello, los recursos manipulativos, los materiales concretos,
todas las estrategias, métodos, procedimientos y actividades variadas van a
permitir que el nuevo aprendizaje sea adquirido y se desarrollen nuevas
conexiones sinápticas (y nuevas capacidades). Como el aprendizaje se caracteriza
por la habilidad de adquirir nuevas informaciones (Gazzaniga, 2002) es de fundamental
importancia que el educador no sólo propicie verdaderas oportunidades de entendimiento
de la propuesta de aprendizaje sino también que se certifique que el alumno la
está incorporando de manera adecuada. Para ello, la retroalimentación es un excelente
recurso: escuchar a los alumnos, realizar pequeños ejercicios sin nombrarlos como
evaluación, o hacer otra actividad que permita saber qué entendieron los
alumnos, le dará al maestro los indicadores de cuánto ya elaboraron el
conocimiento y de qué forma lo hicieron. Las mejores actividades son las que
involucran tanto el aprendizaje explícito (discusiones grupales, debates,
lectura, etc.) como el aprendizaje implícito (metáforas, proyectos, juegos,
experiencias, dramatizaciones, grabaciones, etc.). En esta etapa el maestro
debe desempeñar un papel básico de mediador, marcando así la diferencia entre
los procesos de enseñanza y aprendizaje. Siguiendo la secuencia, ahora el cerebro
está preparado para archivar lo que aprendió en sus sistemas de memoria, sin embargo
es necesario cimentar el aprendizaje repasando lo aprendido en diferentes momentos,
ejercitando de diferentes maneras, con frecuencia, intensidad y duración necesarias
para consolidar el aprendizaje en el sistema de memoria que corresponda. El tipo
de información que fue retenida, la manera en que fue codificada, archivada y luego
evocada va a permitir que el aprendizaje se haga real, significativo y
funcional. Recordar esta secuencia de acontecimientos mientras planifican sus
clases permitirá que el educador vincule su práctica pedagógica al maravilloso
mundo del sistema natural de aprendizaje del cerebro, contribuyendo
significativamente con el promover, desarrollar y fortalecer la red de
conexiones neuronales.
El proceso de desarrollo cerebral es gradual y por ello las
propuestas de aprendizaje deben ir de lo más simple y concreto a lo más
abstracto y complejo. En los niños más pequeños, las zonas
subcorticales del sistema nervioso central ejercen una poderosa influencia en
su forma de aprender, de comportarse, de comunicarse, de sentir las emociones
vinculadas a los acontecimientos y de pensar. El movimiento, la impulsividad, la
exploración, los cuestionamientos, la reactividad, el juego, la falta de
control emocional, entre otras, son características esenciales de la primera infancia,
que se van encauzando a medida que las zonas corticales, y principalmente la
corteza prefrontal van limitando la acción de las zonas subcorticales. Este
largo proceso, que para algunos neurocientíficos dura aproximadamente 18 años,
está relacionado con la mielinización de las fibras nerviosas, las
experiencias, el entorno familiar y social, las condiciones de vida, salud y educación
que van perfilando al desarrollo desde la primera infancia. Entender este proceso
gradual del desarrollo cerebral llega a ser esencial para replantear desde
nuevas propuestas curriculares hasta el estilo de disciplina que se llevará a
cabo en el aula, considerando el nivel de madurez individual de cada alumno.
Para vincular la práctica pedagógica con los aportes
neurocientíficos, es de máxima importancia que el educador tenga un conocimiento
elemental de la estructura macroscópica del cerebro, zonas esenciales del
sistema nervioso, de los hemisferios, los lóbulos y la corteza cerebral.
Asimismo, es importante entender la estructura microscópica del cerebro, al
conocer las células nerviosas que lo componen -neuronas y glías- y el sistema
de comunicación que establecen entre ellas.
De la misma manera, se hace necesario que el educador entienda
cómo el cerebro desempeña varias funciones, cómo se organiza en sistemas y cómo
estos sistemas permiten que sea posible el aprendizaje, la memoria, el
lenguaje, el movimiento y tantas otras funciones más.
El conocimiento acerca de la estructura y funcionamiento del
cerebro le dará al educador la base o fundamentación para emprender un nuevo
estilo de enseñanza aprendizaje, un nuevo ambiente en el aula y lo más
importante, una nueva oportunidad para el desarrollo integral y humano de su
alumno.
LA NEUROEDUCACIÓN: DISMINUYENDO LA BRECHA ENTRE LAS
INVESTIGACIONES
NEUROCIENTÍFICAS Y LA EDUCACIÓN
Frente a las aportes de las Neurociencias que pueden ser
considerados en el campo educativo, se hace necesaria la restructuración de la
práctica pedagógica si queremos vincular aprendizaje y cerebro.
En este sentido, viene emergiendo una nueva ciencia, la
Neuroeducación como una nueva línea de pensamiento y acción que tiene como
principal objetivo acercar a los agentes educativos a los conocimientos relacionados
con el cerebro y el aprendizaje, considerando la unión entre la Pedagogía, la
Psicología Cognitiva y las Neurociencias.
Para considerar si esta nueva ciencia realmente es necesaria para
la innovación y transformación de nuestros centros educativos y para el fortalecimiento
de la calidad de la educación, hagamos un ejercicio mental intentando responder
a las siguientes preguntas:
1. ¿Qué sistemas de memoria están involucrados cuando los alumnos aprenden
datos y fechas relacionados con la Segunda Guerra Mundial?
¿Qué estrategias promoverán la retención de este aprendizaje?
2. ¿El éxito del aprendizaje y de la retención está en la cantidad
de veces que el profesor repite un ejercicio o en el sentido y significado que
el alumno encuentra en la propuesta?
3. ¿Qué diferencia hay entre las clases de cátedra y los proyectos
con relación a la cantidad de información asimilada?
4. ¿Las emociones ejercen influencia en la memoria episódica?
Estas son algunas de las preguntas en lo que se refiere a la
memoria –función cerebral– que está activada en las aulas de todos los centros
educativos del mundo. El que un educador las sepa responder va a depender de
cuánto sabe él acerca de cómo el cerebro adquiere, almacena y evoca un
aprendizaje.
El cerebro ha evolucionado para acompañar y enfrentar los desafíos
del entorno, para educarse y educar, para hacer que el ser humano entienda el
enorme potencial que lleva adentro. Como eje central de las investigaciones en
Neurociencias, el cerebro llega a ser el guía de las nuevas investigaciones,
que va llevando a los neurocientíficos a un entendimiento más amplio de un
universo interior, capaz de concebir pensamientos, emociones, sentimientos y
movimientos entre tantas otras habilidades que nos hacen diferentes de las
demás especies en la tierra. Hoy, gracias a estas investigaciones, ya sabemos
más acerca de lo que sucede durante el desarrollo prenatal, de las
características de la primera infancia y la estupenda multiplicación de
conexiones entre las neuronas en los primeros años de vida, así como hemos empezado
a entender qué sucede en el cerebro de los adolescentes que les genera
conductas y emociones tan características de esta etapa del desarrollo humano.
Este acercamiento entre educadores y neurocientíficos ha empezado
a dar grandes frutos, comenzando por romper algunos “neuromitos” que fueron
masivamente esparcidos cuando las Neurociencias empezaron a llegar a los
ámbitos educativos. Uno de ellos, por ejemplo, estaba en proponer clases para
los hemisferios derecho e izquierdo por separado, ya que en las investigaciones
se fueron conociendo características predominantes en el procesamiento de
información de los hemisferios cerebrales, o de habilidades que predominaban
más en un hemisferio que en otro, como es el caso del lenguaje. Actualmente,
los educadores ya pueden entender la lateralización como algo relativo, ya que
el cerebro trabaja como un todo, reclutando a diferentes zonas para que se de
una función en específico. En este sentido, se hace necesaria la formación y capacitación
de los educadores en Neuroeducación para que comprendan los mecanismos cerebrales
que subyacen al aprendizaje, a la memoria, al lenguaje, a los sistemas sensoriales
y motores, a la atención, a las emociones y todo lo que el medio puede influir en
ello.
Estrechar la brecha entre las investigaciones en laboratorios de
Neurociencias y la educación, no sólo facilitará la promoción de mejores
programas educativos, sino que influenciará en el estilo de crianza en la
familia y en toda la comunidad.
Hoy, frente a los 6 objetivos que trazan los países con relación a
la Educación para
Todos -atención y educación de la primera infancia, universalización
de la educación primaria, aprendizaje para jóvenes y adultos a lo largo de la
vida, alfabetización de adultos, igualdad entre los sexos y la calidad en
educación- sumados a la inclusión de aquellos con necesidades educativas
transitorias o permanentes, de los menos favorecidos, marginados, desnutridos y
pobres, puede que un educador se cuestione:
“¿cómo puedo ser efectivo en lo que hago? ¿Cómo llegaré a la
realización de mis metas u objetivos como educador en esta situación? ¿Cómo
planificar una propuesta de aprendizaje que llegue a todos mis alumnos?”. Con
las últimas investigaciones, se ha aprendido que a pesar de que exista tamaña
“diversidad de individuos” en el contexto educativo, hay un factor común que
pone a todo educador y todo alumno en un mismo nivel: el ser humanos.
El conocimiento que nos trae la Neuroeducación, nos hace ver los
desafíos como oportunidades, pues ahora sabemos que todos tenemos un cerebro
plástico, apto para aprender cuantas veces sea necesario siempre y cuando se den
las condiciones genéticas y ambientales para ello.
La Neuroeducación, al permitir que el maestro entienda las
particularidades del sistema nervioso y del cerebro y, a la vez, relacione este
conocimiento con el comportamiento de sus alumnos, su propuesta de aprendizaje,
su actitud, el a ambiente del aula, entre otros factores, puede ser el paso
inicial en la formación y capacitación docente que marcará la diferencia en la
calidad de la educación.
Como se ha mencionado anteriormente, ¿cómo transformar sin primero
saber qué va a ser transformado?. Conocer al cerebro es, en la actualidad, un
requisito para los padres, los educadores y toda una comunidad que quiera marcar
la diferencia y promover el desarrollo del ser humano en este nuevo milenio.
CONCLUSIONES
Hoy en día, educadores, padres de familia y toda la comunidad
educativa, tienen a la mano la posibilidad de empezar un importante proceso de
innovación en la educación que sea fundamentado científicamente y sostenible en
el tiempo.
Las investigaciones realizadas en el ámbito neurocientífico
vinculadas al aprendizaje, la memoria, las emociones, los sistemas sensoriales
y motores, sistemas atencionales, motivación, ritmo sueño/vigilia, por mencionar
algunas de ellas, pueden y necesitan estar armonizadas con las propuestas de
aprendizaje impartidas en el aula, con las propuestas curriculares de los
centros educativos, con el sistema de evaluaciones y principalmente con la
formación continua del docente por tratarse de un conocimiento de vital
importancia para el campo educativo.
Como es un imperativo para nuestras naciones promover el
desarrollo humano, no podemos perder de vista que este va de la mano con la
mejora en la calidad de la educación. Ahora bien, para mejorar la calidad de la
educación, los países necesitan adoptar propuestas innovadoras. Es allí donde
surge la Neuroeducación como una de las propuestas a ser tomada en cuenta. Innovar
es transformar, es apostar por una educación para el Siglo XXI. Por tal razón,
es de vital importancia implementar en nuestras aulas nuevos componentes que
abran camino a un nuevo modelo de práctica pedagógica, un modelo que considere
la armonía entre el cerebro, el aprendizaje y el desarrollo humano.
Anna Lucia Campos
Presidente de la ASEDH- Asociación Educativa para el Desarrollo
Humano
Directora General de CEREBRUM- Centro Iberoamericano de
Neurociencias, Educación y Desarrollo
Humano
Educadora con experiencia en educación inicial y primaria en
Brasil y Perú. Máster en
Neurociencias, Máster en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva.
Fundadora y actual presidente de la Asociación Educativa para el Desarrollo
Humano. Investigadora, consultora y directora general de CEREBRUM -Centro Iberoamericano
de Neurociencias, Educación y Desarrollo Humano-. Miembro fundador de la Red
Nacional de Promoción de la Infancia en el Perú. Miembro de la OMEP
-Organización Mundial de Educación Preescolar-. Fundadora y directora general
del Centro para el Desarrollo Infantil Learn & Play. Conferencista a nivel
internacional y asesora de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
Directora del PROFFAM -Programa de Orientación y Formación para la Familia- y
del Proyecto Educativo para el Desarrollo Humano. Desde hace 15 años forma y
capacita a diferentes agentes educativos en lo que se refiere a las Neurociencias
vinculadas a la educación y desarrollo humano. Directora del Diplomado en Neuropedagogía
y de la Maestría en Neuroeducación, con certificación compartida entre CEREBRUM,
ASEDH y Universidad Católica San Pablo, impartido en Perú y próximamente en México,
Republica Dominicana y El Salvador.
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